Un poco de ciencia
En la piel, los triglicéridos se encuentran principalmente en el sebo, una sustancia lipídica que desempeña un papel esencial en la lubricación y protección cutánea. El sebo está compuesto por una mezcla de lípidos incluyendo, entre otros, ésteres de cera, ácidos grasos libres y colesterol, que en conjunto forman la película hidrolipídica protectora de la piel.
Con el paso del tiempo, la capacidad de la piel para producir una cantidad adecuada de lípidos disminuye, lo que provoca sequedad, aspereza e incluso grietas. Este desequilibrio lipídico conduce a la deshidratación y al deterioro de la función barrera.

Los triglicéridos representan entre el 30 % y el 50 % de la composición del sebo y están formados por ácidos grasos saturados e insaturados. Entre los saturados, destacan el ácido palmítico y el ácido esteárico, que contribuyen a estabilizar la estructura de la barrera cutánea y a mantener su función impermeabilizante.
El ácido oleico, un ácido graso monoinsaturado presente en abundancia en el sebo, es clave para preservar la función barrera del estrato córneo. Su capacidad para mejorar la fluidez de la capa lipídica favorece una óptima absorción del hidroxitirosol, además de actuar como reparador eficaz de la barrera cutánea gracias a su excelente capacidad de penetración.
